Test de ADN de predisposición a la obesidad

28/10/2020

Las dietas y métodos para adelgazar son algo que no pasa de moda. Entre las últimas tendencias, han surgido los test de ADN para crear un perfil genético y poder estudiar una alimentación que nos permita adelgazar más rápido, mejorar la eficiencia de las dietas o luchar contra la obesidad.

La obesidad y el sobrepeso son problemas de salud serios. En concreto, se calcula que el 15% de la población española padecen de obesidad y más del 60% presentan sobrepeso.

Por ello, no es de extrañar que esta moda de los tests genéticos destinados a la nutrición estén teniendo tanto calado.
Pero, ¿son útiles y fiables los test de ADN para detectar la predisposición a la obesidad?, ¿qué podemos esperar de ellos?

¿Qué es el test de ADN para el sobrepeso y la obesidad?

El sobrepeso y la obesidad se produce por un desequilibrio entre las calorías que consumimos cuando nos alimentamos y las que “gastamos” con nuestra vida diaria o con la actividad y movimiento al que nos expongamos.

Este desequilibrio viene condicionado por dos factores fundamentalmente: uno es básicamente cultural (los hábitos que se tengan o los alimentos que se suelan consumir, por ejemplo) y otro es meramente genético.

Estos tests se enfocan en el segundo factor. Puesto que cada individuo cuenta con una información genética diferente, es lógico que cada cuerpo reaccione de forma distinta a cómo se aprovecha la energía que se consume al alimentarse.

Con estas pruebas, se aspira a personalizar al máximo la dieta que debe seguir un individuo, con certezas sobre la eficacia en su organismo.

En cualquier caso, partimos de la base de que este tipo de pruebas están aún en un periodo de investigación. Aún queda mucho por conocer y, actualmente, se da más importancia a unos hábitos saludables a que exista una predisposición genética a la obesidad que nos limite de manera contundente.

Información genética que aportan estos tests

Estos tests nos darán información sobre cómo funciona nuestro organismo al alimentarse o en determinadas situaciones.

Con ello, podremos determinar en profundidad los momentos de actividad física idóneos y cómo y cuándo debemos alimentarnos. En definitiva, ayudará a discernir si los hábitos alimentarios o los estilos de vida son los más adecuados para mantener un peso correcto.

Entre los elementos que se analizan, se encuentran principalmente los siguientes:

  • La tasa metabólica en descanso y en actividad.
  • Efecto térmico de la comida.
  • Cómo asimilamos los nutrientes y su eficacia.

¿Cuál es el proceso para un test de obesidad o nutricional?

El proceso es muy sencillo como con la mayoría de test de ADN

  • Se recibirá un kit para aportar la prueba (puede ser saliva o una muestra de sangre).
  • Se enviará y analizará en un laboratorio.
  • Unos 10 días después (dependiendo del laboratorio) se recibirán los resultados.

Normalmente, aunque estos resultados suelen venir en forma de perfil genético nutricional, es posible que sea necesaria la ayuda de un nutricionista para interpretarlo de forma correcta. Aun así, la mayoría de los laboratorios que ofrecen estas pruebas suelen contar con profesionales de la nutrición para estas labores.

Problemas de las pruebas genéticas de obesidad

Como hemos mencionado en el apartado anterior, este tipo de pruebas están aún en una fase de investigación. A pesar de los grandes avances en este terreno, actualmente no se sabe con certeza cuál es el peso real de una supuesta “predisposición genética al sobrepeso u obesidad”.

La OCU lanzó una advertencia en febrero de 2018 advirtiendo que, actualmente, no había ningún dato científico que justificase estas pruebas para ayudar a controlar el peso. Estas pruebas suelen superar los 200€ y aún se encuentran en fase de investigación.

A día de hoy, los expertos en nutrición insisten en una idea: la propensión genética es perfectamente modificable por el estilo de vida. Es decir, el sedentarismo puede pesar más en una potencial obesidad que los componentes metabólicos de un individuo.

Los estudios no son suficientemente concluyentes

Uno de los estudios más mencionados es el de Saraf Farooqui (doctora británica, neurofisióloga y especialista en metabolismo) realizado en el año 2013.

En él, se analizaron a un grupo de personas con complicaciones a la hora de reducir su peso. Se identificaron mutaciones en los genes que afectaban a la segregación de leptina (conocida como “la hormona de la saciedad”) y de insulina. Esto podría provocar un hambre desproporcionada y un mal aprovechamiento de las energías ingeridas, acumulando una mayor proporción de grasa.

Aunque el estudio en sí fue pionero y prometedor, no era relevante como para extrapolar unas conclusiones válidas por su limitada muestra. Además, los descubrimientos no explicaban por qué unas personas acumulan más grasa que otras o cómo evitarlo.