Custodia

A veces parece una buena idea negar la paternidad. Cuando esta en juego la custodia de los hijos, no es infrecuente que el padre niegue su paternidad, o que la madre afirme que el presunto padre no es el padre biológico del niño. La ira, la malicia, las tácticas dilatorias o el deseo de evitar la manutención de los niños suele estar tras estas prácticas.

Si la paternidad es conocida, porque la evidencia circunstancial solo puede llevar a esa conclusión, esa estrategia suele llevar a una pérdida de dinero y de tiempo, que la final puede poner en riesgo la posición legal para solicitar incluso una prueba de paterndiad.

Veamos un ejemplo: un padre niega su paternidad desde el principio, para luego ver confirmada su paternidad mediante una prueba de ADN. A la hora de obtener un régimen favorable de visitas con el niño, será frecuente que la madre recuerde al Juez que siempre nego su paternidad sin causa justa. ¿Y en el caso de la madre que dice: no es su hijo?, y luego la prueba de ADN demuestra que si lo son, el padre recordará al Juez que la madre repudio su paternidad sin prueba alguna.

El uso de la paternidad como un arma arrojadiza puede resultar contraproducente si no hay dudas razonables. Las pruebas de ADN no deben utilizarse para retrasar un asunto y comprar más tiempo, o para evitar una manutención del niño.

Por supuesto las pruebas de paternidad están disponibles para resolver las dudas legítimas y la incertidumbre de un padre, pero antes de pedir una prueba de ADN se debe pensar dos veces a cerca de la evidencia a favor y en contra de la paternidad y el auténtico motivo para hacer la solicitud.

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Sobre el autor

Pilar Arca Miguélez es Doctora en Microbiología por la Unviersidad de Oviedo, y dirige Ampligen desde 1997